Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica en qué consiste la depresión post-parto.

04.01.2019

Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica en qué consiste la depresión post-parto.

La mujer durante 9 meses vivió un estado que, con el parto, cambia del día a la noche. Su cuerpo ha pasado de tener una tripa enorme a no tenerla. La tripa enorme tenía un significado evidente, dentro se estaba formando un niño. Los 9 meses para muchas mujeres son la dulce espera, e incluso aquéllas que no lo sienten así se encuentran igualmente con la ilusión que generan en las restantes mujeres (familiares y desconocidas que se encuentran en la calle se emocionan ante tanta tripa).

Cuando se tiene el bebé desaparece no sólo la tripa, sino todo el refuerzo que acompañaba a ésta, todo el interés que despertaba en los demás. Por otro lado la tripa que le queda a la mujer después del parto es una tripa fofilla, que no era la suya y que ya carece de significado. Es más, las mujeres también ahora miran esta nueva tripa, pero esta vez para recordar a la mujer (que ya se encuentra en el estado de posparto) lo gorda que se ha quedado. Hablamos entonces del físico, de la estética, algo que siempre ha importado mucho a las mujeres.

Durante esos 9 meses ha llevado consigo a su hijo, algo que también cambia del día a la noche. Ya no es ella la que lo cuida en exclusiva, sino muchas otras personas, que puede que lo hagan de manera diferente a como ella lo haría. La madre, sometida a múltiples consejos que no pide y saturada además por la información recibida en cursos y libros que ha leído durante su embarazo, puede que cuando llegue el momento de actuar no sepa ni qué hacer por miedo a equivocarse. Además da igual lo que haga, siempre habrá alguien a su lado que opine algo, y la mujer puede que se sienta cuestionada como madre. La responsabilidad es muy grande, estamos ante una tarea difícil y comprometida en la que, además, hay mil opiniones sobre cómo se hacen las cosas.

La ausencia de conductas de apego (no llora ante la ausencia de la madre, no pide estar en brazos de su mamá, etc.) que al principio presenta el bebé recién nacido le recuerda a la madre que ella como tal es prescindible y que cualquier otra persona podría ocupar su lugar, a pesar de ser ella la que concibió a su hijo. El parto entonces, que tanto esfuerzo físico ha costado a la madre, también pierde valor, apareciendo tal vez sentimientos de vacío como muchas mujeres expresan con esas mismas palabras (“me siento vacía”).

Por otro lado, en algunas ocasiones puede que el posparto de la madre tenga sus complicaciones y ello conlleve que ésta no se pueda hacer cargo de su hijo desde el principio, lo que añade más dificultades emocionales (sentimientos de culpa, de impotencia, etc.).

Ahora se enfrenta con el hecho de ser madre y no sólo mujer. Su pareja se encuentra a su lado, pero ella en estos momentos se siente primero madre, y la pareja, al menos al principio de una forma más acusada, pasa a situarse en un segundo plano.

La mujer empieza a valorar a su pareja no como hombre, sino como padre, y también aquí aparecen nuevas emociones que hay que aceptar. La pareja (el hombre en este caso) presenta comportamientos nuevos, que nunca había tenido antes, lógicamente claro, ya que no había tenido la oportunidad al no haber mocosillo alguno en casa. Estos comportamientos, cuanto menos, son nuevos, y la mujer se cuestiona si son los mejores o más adecuados. En definitiva, se pregunta si ha elegido la persona correcta como padre de su hijo. La madre puede que evalúe de una forma continua a su pareja para ver si cumple con su papel de padre, exigiéndole inconscientemente ciertas conductas que como hemos dicho son desconocidas para el hombre, que también está aprendiendo a ser padre y también necesita tiempo. Todo esto generará tensiones en la pareja.

No se puede pasar por alto el desgaste físico y mental que ha soportado la mujer, tanto en el embarazo como en el parto, y este último, sea como fuere, no deja de ser algo traumático. Esto derivará en un posparto donde la mujer se siente cansada y sin embargo tiene sobre ella una gran exigencia, que es cuidar a su hijo. Además, hay muchas exigencias sociales sobre ella, especialmente recibir visitas, que llegan a resultar agotadoras hasta para la mujer más paciente, añadiendo el hecho de que entre medias tiene que dar el pecho, en ocasiones en situaciones que ella no ha elegido.

La pareja, desde que tiene un hijo, pierde la intimidad que tenía hasta ese momento. Su hogar, que podía ser su cobijo, se convierte en un hogar familiar, donde pueden entrar padres, suegros, cuñados, hermanos y tíos cuando quieran, porque al fin y al cabo pasan a ver a sus nietos, sobrinos, etc., y esto justifica cualquier cosa. Esta invasión atenta contra la estabilidad de la pareja que, en estos primeros momentos, necesita su tiempo para adaptarse a su nueva situación.



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