Psicólogos bilbao atiende cada vez más, a parejas que recurren a terapia para salvar el amor

24.04.2012

Amar y ser amado no es algo tan sencillo. Cuando dos personas se encuentran, traen consigo toda su historia personal, sus proyectos y miedos. Cómo detectar el malestar a tiempo para evitar el desgaste

En los últimos años aumentaron las consultas de terapia de pareja y la razón la encontramos, por un lado, en la plasticidad que hoy experimentan las parejas en materia de manejo de conflictos.
También tienen información más clara sobre los alcances de la terapia de pareja y los procesos terapéuticos son más dinámicos y focalizados.

Por otro lado, si bien encontramos que los proyectos personales están “postergando” la posibilidad del matrimonio, una vez que dos personas se unen amorosamente son muy cuidadosas de esa unión y de lo invertido en esa relación. No resulta tan fácil amar y ser amado.

En las terapias sistémicas de pareja el foco no es el individuo, sino la interacción y en el tratamiento el terapeuta también ingresa al sistema e invierte en la relación terapéutica. Hay objetivos y se busca una alianza de trabajo, las parejas llegan en un estado de anomia muy desgastante y esta alianza alivia aunque se la resista.

Cualquier pareja que desee tratar el conflicto tiene la posibilidad de probar con este tipo de terapia. Las dificultades más grandes se encuentran en mantener una oposición abierta al tratamiento y en los casos donde no se puede encontrar un motivo en común, es decir, cada uno espera algo que no sucederá, pero esto no significa que la pareja se separe. De hecho, hay miles que conviven bajo esta situación. La rigidez, conductas muy estructuradas, que no toleran un proceso de cambio, son parejas que suelen iniciar el tratamiento y abandonarlo.

Los conflictos son diversos, pero la dificultad más notoria es la forma en que tratan el mismo. El ser humano demostró a lo largo del tiempo que las formas de intentar resolver el problema suelen ser absurdas y en algunos casos dramáticas. El conflicto amoroso no escapa a ello, la pérdida del control sobre el otro suele desesperar más que la pérdida de amor.

La vida sexual de la pareja está en cierta medida abandonada a pesar que se sabe más y que en apariencia se la privilegia tanto.
Los encuentros sexuales se dejan para cuando se puede o a la espera que surja el interés espontáneo. No suele ser la mejor estrategia para cuidar la carga erótica de la pareja, carga que si se mantiene encendida (aunque sea en piloto) no sólo alimenta la vida sexual de la pareja, también la atracción y la comunicación no verbal.

En este tipo de terapias se busca que las personas dejen de sufrir, que puedan salir del malestar.
El bienestar tiene dos condiciones: “la sensación de paz y la capacidad de vivir el placer”, ambos son promotores del bienestar y este comienza a perderse cuando surgen condiciones amenazantes.

Uno de los primeros estados del malestar es el de “alerta”, cuando las parejas deben levantar la guardia y estar a la defensiva; el clima se pone tenso y todo se hace muy difícil, este estado es generador de estrés relacional con consecuencias esperables de síntomas orgánicos y emocionales.

El terapeuta se involucra en el proceso como parte del cambio y promueve en principio lo que llamamos “alianza terapéutica”, que es lograr un compromiso de trabajo para resolver, para salir del malestar. Sin este compromiso el pronóstico del tratamiento se oscurece.

Por: licenciado Fernando Rubano (especialista en parejas y adultos y miembro de la Escuela Sistémica Argentina)

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