Psicólogos Bilbao comparte con vosotros algunas reflexiones sobre el placer y el dolor emocional.

08.12.2013

Psicólogos Bilbao comparte con vosotros algunas reflexiones sobre el placer y el dolor emocional.

Forma parte de la naturaleza humana el perseguir la sensación de bienestar. Tenemos legítimas necesidades básicas de sostenimiento, de refugio, de compañía, de amor y de autoexpresión. Trabajamos para que las circunstancias satisfagan esas necesidades. Al actuar con objetivos conscientes nos volvemos selectivos sobre cómo emplear nuestras energías. Nos parece natural aceptar determinados sucesos y resistirnos a otros.

Nuestra orientación selectiva con respecto a la experiencia se va asociando con placer y dolor. Desarrollamos una predisposición natural a elegir condiciones que sean
placenteras en sí mismas, o que conduzcan a resultados placenteros, y nos resistimos a las condiciones que son dolorosas o conducen a resultados dolorosos. ¿En qué puede estar esto equivocado? Básicamente en que una vida basada en perseguir el placer y evitar el dolor no conduce a la felicidad.

Nuestro nivel de madurez tiene mucho que ver con lo que
consideramos que merece la pena perseguir. Conforme crecemos superamos ciertas necesidades y adoptamos otras menos estrechas y menos centradas en uno mismo. Sin embargo, en la mayor parte de los casos damos vueltas alrededor de las necesidades básicas de seguridad, de sensación de poder y de relaciones personales, aunque algunos tal vez hayamos refinado la interpretación de nuestras necesidades en un plano más sofisticado.

Muchas de nuestras “necesidades” son un resultado del condicionamiento social. Son artificiales: creadas por una sociedad agresiva y orientada hacia metas. No obstante,
reaccionamos ante esas necesidades como si fueran esenciales para nuestro bienestar.

Sentimos la misma ansiedad por satisfacer las necesidades artificiales como siestuviéramos en situaciones que de verdad fuesen amenazadoras para la vida. Este error es consecuencia de nuestro nivel de conciencia, de nuestra falta de visión.

Las necesidades derivan de las creencias, que son los filtros por los que percibimos la realidad. Aparte de las instintivas, como la creencia en la elemental supervivencia, nuestro condicionamiento social nos ha procurado otras falsas. También hemos desarrollado algunas basadas en nuestras pautas personales. Muchas son irracionales, limitadoras y destructivas.

Una vez nos damos cuenta de su carácter contraproducente,
podemos querer cambiarlas, pero un cambio voluntario es difícil.
Las creencias son mantenidas por pautas energéticas
suprimidas, son estados mentales condicionados que en su mayor parte se presentan en un nivel inconsciente. Resulta difícil reprogramar directamente lo que podría ser
una creencia limitadora porque las pautas energéticas suprimidas la mantienen en su sitio.

¿Qué hacer entonces? La respuesta es sencilla: aceptarnos a nosotros mismos.

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