Psicólogos Bilbao comparte con vosotros aspectos importantes a observar en vuestros hijos.

27.11.2017

Psicólogos Bilbao comparte con vosotros aspectos importantes a observar en vuestros hijos.


¿Su hijo es apático, le cuesta mantener contacto visual, tomar la iniciativa e integrarse a grupos con personas nuevas? Si la respuesta es afirmativa a todas estas preguntas, tal vez sea porque es un niño tímido. Si por el contrario, no para de moverse, es impulsivo, molesta a sus compañeros y se distrae fácilmente, puede que padezca de hiperactividad.

Ambas condiciones requieren de terapia psicológica y familiar, dependiendo de qué las haya originado.

Para ayudar al niño, los padres y maestros deben trabajar en equipo. Si en la escuela se ayuda al niño, pero no en el hogar o viceversa, no habrá ningún resultado que beneficie el desarrollo y desenvolvimiento social del menor.

La timidez aparece entre los 5 y 7 años, al llegar a la adolescencia “se hace más consciente”.
Cuando el niño presenta una actitud de retraimiento y temor frente a una situación que le resulta desconocida se lo podría considerar tímido. Asimismo, es natural sentir miedo cuando estamos por primera vez en un grupo de gente que no conocemos. “El problema aparece cuando el niño vive en un estado de miedo permanente por temor a lo que le digan quienes lo rodean”.

La timidez puede desencadenarse, por ejemplo, por falta de seguridad, baja autoestima o violencia intrafamiliar. Es importante conocer los antecedentes de la madre y del entorno del infante.

Para conseguirlo, el terapeuta debe entrevistar a los padres y al niño. “La historia de la familia, si los padres viven juntos, tienen una buena relación, se están separando o se divorciaron. Todo esto afecta el ámbito emocional de los niños”. Para que exprese sus emociones recomienda el canto y aprender a tocar un instrumento musical, así como actividades en las que maneje su cuerpo: correr, andar en bicicleta o jugar en el parque.
“No hay que forzarlo... la madre debe adquirir el arte de iniciar la conversación para que el niño se vaya abriendo”.
Hay que “enfatizar en sus logros y no en sus fracasos... podemos relativizar sus fallos y referirnos a estos como aspectos por mejorar”.

Por otra parte, el maestro debe hacer participar al niño en actividades grupales acorde a sus gustos para que se luzca frente a los demás. También debe notar qué es lo que más le cuesta y en base a eso preparar la clase.

Otra alternativa es la de recurrir a terapia psicológica, en la que podrá expresar sus miedos con la ayuda de un especialista. Los padres y quienes convivan con el niño deben formar parte del proceso.

En relación a la hiperactividad, se presenta 9 veces más en varones que en mujeres y que si bien son niños que rompen reglas de comportamiento con frecuencia y muestran retraso en la comprensión del lenguaje, falta de habilidad para realizar trazos y tienen periodos cortos de atención, “adquieren anticipadamente habilidades como una percepción visual rápida, dotes artísticos e inteligencia superior”.

El niño inquieto, no necesariamente es hiperactivo. La hiperactividad es un desequilibrio de las dopaminas, las hormonas neurotransmisoras del sistema nervioso central, por ende requiere ser diagnosticada. De ahí que un niño con hiperactividad tenga lapsos de atención muy cortos, no pueda permanecer concentrado y en algunos casos, presente déficit de atención.

Para contrarrestar esas situaciones, sugieren imponer límites y establecer una rutina estructurada que incluya alguna actividad extracurricular, la cual debe ser vista por el niño como una “recompensa”.

De no notar un progreso, será necesario hacer una evaluación psicológica, psicopedagógica y médica. “Si se obtiene un diagnóstico de hiperactividad, en el área escolar, hay que encomendarle tareas que aumenten su concentración e interés, así como actividades físicas y deportes para que pueda canalizar ese deseo de estar haciendo algo”.

Se recomienda no sentar al niño en la parte posterior del aula, sino mantenerlo cerca del maestro. Ambas concluyen que tanto en los niños tímidos como hiperactivos, los padres deben reforzar la seguridad y confianza del pequeño con amor y sin presiones.

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