Psicólogos Bilbao, expertos en aceptar nuestros miedos sin que nos limiten, profundizan en los terrores nocturnos, sus síntomas y tratamiento.

10.12.2019

Psicólogos Bilbao, expertos en aceptar nuestros miedos sin que nos limiten, profundizan en los terrores nocturnos, sus síntomas y tratamiento.

Los terrores nocturnos son alteraciones del sueño caracterizadas por un terror extremo seguido de un brusco despertar que suele producirse en el primer ciclo de la noche, dos o tres horas después de que el niño haya conciliado el sueño durante la fase NREM.

El pavor nocturno es un trastorno que suele producirse principalmente en niños (si bien hay casos de adultos) estimándose que entre el 1% y el 6% de los niños sufre alguna vez un episodio de terror nocturno.

El terror nocturno es un trastorno del sueño en el que el niño pasa bruscamente de estar profundamente dormido a una agitada actividad caracterizada por la sudoración, la taquicardia, la hiperventilación y, en algunos casos, el forcejeo.

Por lo general durante los episodios de terror nocturno el niño mantiene los ojos abiertos con una mirada de pánico con evidentes síntomas de terror y ansiedad y, aunque suele emitir gritos y gemidos, lo cierto es que en la mayoría de los casos no se encuentra despierto. Por ello muchas veces no responden a los estímulos externos (normalmente procedente de sus padres) pareciendo confusos y llegando a tardar varios minutos en reaccionar.

La amnesia es un factor muy común en los episodios de pavor nocturno. Por lo general, la mayoría de los niños no son capaces de explicar lo que sucedió a la mañana siguiente. Es muy habitual que no recuerden nada y, si recuerdan algo, suele tratarse de recuerdos aislados y borrosos.

Si bien es cierto que no parece haber una única causa responsable de los terrores nocturnos, existe una serie de factores que influyen enormemente en los pavores nocturnos.
En primer lugar, tenemos que hablar de los factores hereditarios: alrededor del 80% de los niños que padecen terrores nocturnos tienen familiares cercanos que presentaron este trastorno, lo que parece indicar una causa genética para esta alteración del sueño.
La ansiedad y el estrés son dos de las principales causas de los terrores nocturnos. Por lo general, situaciones de ansiedad vividas durante el día inducen al niño a acostarse en un estado de agitación, predisponiendo a estos episodios.
Cansancio, falta de sueño, enfermedades, fatiga, problemas familiares, entornos conflictivos… son otros de los síntomas que suelen presentar los niños con terrores nocturnos.

En los adultos, todo indica a que existe una relación entre los terrores nocturnos y el consumo de determinadas sustancias como el alcohol o los ansiolíticos ya que suelen alargar las fases de sueño lento que son en las que normalmente aparecen estos episodios.

Permitir que trascurra el terror nocturno bajo vigilancia es lo más efectivo. Al cabo de varios minutos el niño abandonará este estado de agitación y volverá a dormirse (recordando al día siguiente poco o nada de lo ocurrido).

Por norma general, los terrores nocturnos desaparecerán al cabo del tiempo y no necesitan tratamiento. Por tanto, bastaría simplemente con reducir el estrés y la ansiedad a la que se encuentra sometido el niño y establecer una buena rutina para ir a dormir. Ahora bien… ¿Cuándo es recomendable acudir a un especialista?
• Cuando los episodios de terrores nocturnos son crónicos.
• Cuando el niño se ha lastimado a si mismo o a sus padres durante los episodios.

En estos casos, el tratamiento psicológico de los terrores nocturnos es la mejor opción, tanto para el niño como para sus progenitores.

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