Psicólogos Bilbao, expertos en psicología infantil y adolescente, explica cómo actuar con nuestros hijos en pleno divorcio.

12.07.2013

Psicólogos Bilbao, expertos en psicología infantil y adolescente, explica cómo actuar con nuestros hijos en pleno divorcio.

Todas conocemos a una amiga o familiar que pasó (o está pasando) por un divorcio y la principal preocupación son los hijos. Los divorcios son cada vez más frecuentes y millones de niños alrededor del mundo sienten que su mundo se desmorona cuando sus papás se divorcian.

La pregunta que nos hacemos es: cuando la separación es un hecho, ¿qué debemos hacer para disminuir el impacto de la ruptura marital en los hijos? Y es que la salud emocional, la crianza y el desarrollo de nuestros hijos debe ser nuestra prioridad.

Investigadores de distintas especialidades han estudiado los efectos del divorcio en los niños y adolescentes, pero no hay conclusiones unánimes. Un estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias dependen de distintas variables, entre ellas: el grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos, el ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos) y los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado. La buena noticia es que, aunque una separación es dolorosa para los niños, ellos se ajustan bien a la situación con el tiempo. Todo depende de cómo manejas el divorcio. Las causales de divorcio son muy importantes, así como la historia previa. Cada caso es único y no hay una receta. Aunque los niños de un divorcio se recuperan, un número de factores puede reducir el impacto que experimentan. Estas son algunas recomendaciones esenciales.

Recomendaciones:

Madurez. La recomendación más importante es que ante un divorcio haya madurez y que no se mezcle la relación de pareja con la relación parental. Ya que muchas veces cuando hay un conflicto de pareja, éste se extiende a los niños, entonces se cometen errores como no dejar que el papá vea a los niños. Es muy importante que la persona facilite el relacionamiento con el padre que no está presente.

Siempre presentes. El divorcio se ha instituido para los cónyuges, no para los padres. Los esposos no se divorcian de sus hijos, ni entre sí como padres. Deben ejercer conjuntamente la parentalidad y cumplir conjuntamente las funciones de crianza. Ambos deben involucrarse en la vida del niño. Se rompe la relación conyugal, no parental.
Asimismo, la pareja que se queda con los hijos (generalmente la madre), tiene que facilitar la relación con el papá, teniendo delimitada la nueva relación. La madre debe tratar de involucrar al papá dentro las funciones educativas de los niños, desde festivales y actividades recreativas a los cambios del colegio, viajes, etc.

No hables mal del otro. Muchos niños pueden llegar a rechazar al papá o mamá, y esto se puede dar cuando hubo una historia previa de una mala relación. El rechazo también se da cuando llevamos el conflicto hacia los hijos y un padre habla mal del otro. También se da cuando la otra persona se encarga de deteriorar su propia relación con su hijo, porque nunca está ni llama. Entonces el niño reacciona frente a estas situaciones.

Habla con ellos. Los padres deben ser un apoyo para sus hijos: es esencial que hablen claramente sobre el divorcio y sus implicaciones, así como contestar sus preguntas de manera clara, sin mentiras.
Cuando hay un divorcio es responsabilidad de ambos padres hablar de manera claro con los hijos acerca de lo que va a ocurrir y por qué va a ocurrir. La comunicación es esencial, de otro modo, el niño tiene otras expectativas y se puede sentir abandonado, además que daña la autoestima del niño, ya que muchos pueden pensar que han tenido algo que ver con el divorcio.

El divorcio, muchas veces una solución.
El tema del divorcio no siempre va a ser negativo. El divorcio puede ser, terapéuticamente hablando, una solución a una situación de tensión. Por ejemplo, hay parejas que son altamente disfuncionales lo que implica conflictos de pareja de alta intensidad de manera frecuente, lo que genera un daño terrible a sí mismos y a los hijos. Es mucho más nocivo que un niño viva en un ambiente disfuncional donde hay agresividad y violencia frecuente, a que supere un divorcio. Desde esta perspectiva el divorcio es una solución.


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