Psicólogos Bilbao explica las mejores maneras de evitar que nuestros hijos sufran después del divorcio de sus padres.

10.03.2013

Psicólogos Bilbao explica las mejores maneras de evitar que nuestros hijos sufran después del divorcio de sus padres.

Dado el elevado número de separaciones entre parejas que se producen hoy en día, son muchos los niños afectados por esta situación. Además del shock emocional que supone para los padres una ruptura sentimental, éstos cargan además con el miedo de cómo toda esa situación repercutirá en sus hijos.

Antes de la separación o divorcio, los padres deben hablar e informar a los hijos. En esta conversación es mejor que estén presentes ambos padres a la vez. Hay que insistirle al niño en que él no tiene la culpa de nada de lo que ha pasado. El niño tiene que saber que esta decisión ya está tomada y que no hay vuelta atrás. se debe determinar los días que estará con cada cónyuge y tener una cierta flexibilidad para favorecer la relación de ambos padres con el niño. Jamás utilizar a los hijos para presionar al otro bajo ninguna circunstancia, y respetar al cónyuge ausente en los comentarios y conversaciones. Es importante permitir a los niños manifestar sus sentimientos de rabia y frustración, acogerlos y no juzgarlos.

La primera reacción de los hijos ante la separación de sus padres suele ser el desconcierto; han conocido a sus padres siempre juntos y no pueden darse cuenta de los problemas que provoca el hecho de que ahora comiencen a ver menos a su padre o a su madre. El niño, además, suele ser víctima de crisis nerviosas o depresivas si la tensión entre los cónyuges se traslada a los otros miembros de la casa por discusiones o enfrentamientos violentos.

Poco después, los niños suelen negarse a admitir lo que ya es un hecho. Insisten en la reconciliación de los padres o protestan cada día porque no pueden ven al progenitor que se ha ido de casa. Este periodo puede ser más o menos largo dependiendo de la manera que se ha producido el divorcio. Los padres deben explicar y hablar al niño lo máximo posible para que la situación sea lo menos dolorosa posible.

Es necesario excluir al niño de la tensión que se genera a causa de la separación. Se le puede explicar, dependiendo de su edad, que existen graves diferencias entre los padres. El niño nunca debe presenciar gritos, insultos ni discusiones violentas: si éstas se producen, no debe ser delante de los hijos.

Estudios realizados en Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que posteriormente, cuando vive sólo con uno de los dos. Los niños quieren sentir que sus padres son felices, incluso aunque sea con una nueva pareja: lo contrario les provoca mucho malestar.

Es importante mantener en lo posible los vínculos afectivos con abuelos, primos, tíos, etc.de ambas partes. El niño debe disponer de un espacio propio y estable, tanto en su casa como en la nueva casa del progenitor que se ha marchado. Los amigos y las rutinas diarias deben verse alteradas lo mínimo posible (mismo colegio, horarios, actividades, etc.)

En la primera etapa de la separación los niños pueden presentar trastornos de sueño o sientan miedo al abandono de ambos padres. Es frecuentes que estén más irritables de lo normal. Pueden aparecer también conductas de tipo regresivo (por ejemplo hacerse pípí cuando ya no se lo hacían, volver a usar pañales) o que aparezcan síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal...) que expresan el malestar secundario a la separación de sus padres. Pueden mostrarse más retraídos o agresivos, ansiosos o angustiados.

Hasta que no aceptan que volver a juntar a sus padres es imposible pueden mostrarse tristes e infelices.



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