Psicólogos Bilbao, psicólogos especialistas en terapìa de pareja, explica las principales consecuencias psicológicas de las rupturas amorosas.

21.02.2021

Psicólogos Bilbao, psicólogos especialistas en terapìa de pareja, explica las principales consecuencias psicológicas de las rupturas amorosas.

Los efectos devastadores del desamor dependen de muchos factores, y uno de ellos es la edad. En jóvenes la tristeza suele durar poco ya que la juventud es un momento de desarrollos psicológicos importantes. La personalidad se va confirmando y cualquier circunstancia de estas características que sea vivida como atentatoria contra la propia estima, produce una herida que tiene una connotación narcisista de orgullo herido. Una herida que dura lo que tarde en ser sustituida por otra persona capaz de cubrir esa crisis.

En otras edades es más complicado. En adultos, o incluso en la tercera edad, una ruptura puede vivirse como un acontecimiento vital serio que puede precipitar trastornos adaptativos importantes, depresiones o trastornos de ansiedad.

Las armas de las que disponemos son distintas en cada persona. Existen personalidades con recursos psicológicos para neutralizar la ansiedad y el estrés que producen la dinámica social. Personas maduras que tienen desarrollada la capacidad para resolver estos problemas y otras que se ahogan en un vaso de agua. La vida es un continuo entrenamiento.

Cuando estamos enamorados el cuerpo genera las hormonas del placer: la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias actúan sobre unas zonas del cerebro que hacen que nos sintamos queridos, a gusto, bien, que importamos a los demás, valorados, en definitiva, sentimos placer.

Cuando el cerebro no obtiene esas sustancias se genera un estado de tristeza gracias a hormonas como la noradrenalina o estresores como el cortisol. Estas dos hormonas surgen cuando hay una carencia de oxitocina y dopamina y nos provocan pensamientos relacionados con la tristeza, es decir, pensamientos contrarios a lo que nos generaría la oxitocina o la dopamina.
Existen neuroredes que se van a activar en función de qué hormonas predominan en un determinado momento en nuestro cerebro; neuroredes asociadas a la tristeza que contienen pensamientos como: no me quieren, tengo algún defecto… y otras que se activan cuando tenemos oxitocina o dopamina con pensamientos tales como: soy atractivo, interesante, me valoran, me quieren. Eso lo hacemos desde que somos bebés.

Muchos de los procesos del amor son reactivos. Desamor y dolor físico. Cuando una expectativa se cumple recibimos una dosis de oxitocina y de dopamina. Cuando ocurre lo contrario, entramos en el proceso de la vergüenza: una etapa de frustración en la que predominan la tristeza y la pena, seguido, para reequilibrar el sistema, de una etapa de enfado y rabia, que puede ser o no externalizada y después otra etapa de culpa. Es una reacción en cadena.

Cada persona tiene grabados los sentimientos en zonas distintas. La tristeza o la ansiedad de cada uno tiene un mapa corporal distinto. Todo lo psicológico tiene una repercusión a nivel corporal porque es el cuerpo lo que sostiene lo psicológico.
Cada ser humano tiene distintas neuroredes que se han ido asociando con estados corpóreos, algunos la frustración se evidencia en la piel, el estómago, la garganta.




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