Psicólogos Bilbao, terapeutas especializados en terapia de adulto, señala importantes claves para entender la ansiedad y depresión infantil.

07.12.2018

Psicólogos Bilbao, terapeutas especializados en terapia de adulto, señala importantes claves para entender la ansiedad y depresión infantil.

La ansiedad y la depresión infantil son diagnósticos más comunes entre adolescentes que niños, pero muchas veces pasa inadvertido entre los padres y profesores e incluso se le resta importancia tras las etiquetas de “es una mala temporada”, “ya se le pasará” o “son cosas de la edad”. Lo cual no hace nada más que agravar el problema que ya existe y dilatarlo mucho más en el tiempo. Las principales causas de la depresión y de la ansiedad son muy variadas, no obstante, los principales factores de riesgo son:

- Los antecedentes familiares hacen que tenga un 50% de probabilidades de heredarlo. En concreto, aún tiene más probabilidades si la figura de apoyo del niño (madre o padre) ha pasado por una depresión o un problema de ansiedad.

- Una personalidad insegura, baja autoestima, perfeccionista o temerosa.

- Un ambiente familiar dónde haya mucha tensión y negativo.


En estos casos, es importante que los niños hablen de sus emociones y expresen cómo se sienten. Sin embargo, cuando el único tema sobre el que se habla o se pregunta es sobre sus problemas de ansiedad o depresión, solo aumenta el malestar. Lo mejor es dedicar espacios para que puedan hablar de sus preocupaciones, pero que no sea un monólogo o un interrogatorio, sino una conversación en la que los padres también puedan aportar su opinión y expresar sus emociones sobre diferentes temas.

Dejarse llevar por el problema no ayuda en la solución. Los niños con ansiedad y depresión suelen aislarse de los demás y pierden las ganas de hacer cualquier actividad que antes les motivaba. Si esperas a que estén motivados, según del nivel de ansiedad o depresión, quizás estés esperando toda la vida. Muchas veces por tratar de ayudarles y no ser invasivos respetamos ese deseo, no obstante, es importante sugerirle (no forzar ni obligar) actividades y que él decida entre varias opciones. No se trata de hacer algo por motivación, sino por necesidad para que no piensen constantemente en lo que les preocupa y se sientan más aliviados. Para ello, lo mejor en esos casos es hacer una lista con todo tipo de actividades. Las mejores son aquellas que tienen que ver con la actividad física, las manualidades o juegos de mesa, pero también tareas en las que se sientan útiles como ayudar a realizar alguna tarea en casa como cocinar.

A veces nos cuesta comprender por qué si antes era capaz de hacer algo, ahora cuesta tanto que realice una tarea aparentemente sencilla. Los niños que tienen depresión o ansiedad también son conscientes de ello y tienden a hundirse cuando se ven incapaces de hacer cosas o no salen como ellos esperaban. Por eso, es importante graduar las tareas en aproximaciones más sencillas, de tal forma que cada día pueda ser un reto que pueda ser alcanzable. Por ejemplo: quizás no pueda estar como antes una hora seguida jugando a un juego, pero sí 10 minutos. Lo importante no es la duración, sino que vaya recuperando la confianza en sí mismo. Si no lo consigue, no habrá sido culpa suya, sino simplemente que nos hemos adelantado en el reto y tenemos que proponer un nivel que se adecue más a sus circunstancias.

Evita la culpa o la pena. No se trata de buscar culpables o de no tener fuerza de voluntad, sino de encontrar soluciones. Nadie quiere ver a su hijo sufrir y es normal que en ciertos momentos la situación pueda llegar a desbordarte. En esos casos, lo mejor es acudir a un especialista para que te ofrezca estrategias concretas a tu caso particular. No obstante, es importante que tanto como tú como el niño aprendáis que hay momentos que no se pueden controlar.



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