Psicólogos Bilbao trabaja con matrimonios que han sufrido infidelidad por parte de su pareja.

09.07.2012

La mayoría de las parejas considera que si se ama verdaderamente siempre se es fiel, por otro lado, la fidelidad sexual es valorada muy positivamente a la hora de decidir mantener una relación estable. Sin embargo: ¿quién no ha sentido el temor de ser traicionado por su pareja?; ¿quién no se ha visto tentado por una relación fuera de la pareja?

Esto es así porque las relaciones sexuales son un ingrediente muy importante para muchas personas, y cuando en su vida en pareja disminuye el interés sexual, el efecto puede ser devastador. En ocasiones estas personas mantienen relaciones fuera de la pareja y según ellas estas relaciones les ayudan a mantener su vida en pareja al compensar su interés sexual.

Existen personas que valoran especialmente la conquista, para los que el terreno conquistado deja de tener valor y sienten la necesidad imperiosa de una nueva conquista. En ellas prevalece la búsqueda de aventura y la excitación de la conquista sobre la estabilidad que aporta un proyecto en común; de ahí que cuando cae la pasión que acompaña a las primeras fases del enamoramiento, la relación ya no les interese. Hay personas que buscan la novedad de forma compulsiva, en ocasiones esta conducta esconde un miedo a la intimidad.
Una aventura amorosa también puede significar demostrarse a sí mismos/as que todavía son jóvenes, y así sentirse más atractivos/as. En estas personas prevalece más ese sentimiento que el riesgo de poner en peligro una situación estable. En el hombre estas circunstancias se suelen dar alrededor de los cuarenta años, edad en la que busca revivir emociones de la juventud. En la mujer, por su parte, esta necesidad se manifiesta antes de la menopausia, sobre todo si percibe que hay un cierto desgaste de la relación y necesita volverse a sentir guapa, atractiva y que despierta apetito sexual.

¿POR QUÉ NO SOMOS INFIELES?

En esta época en que la esperanza de vida es mayor, contamos con métodos anticonceptivos eficaces y para cada vez mayor número de personas las consideraciones morales tradicionales tienen menos fuerza, cabría preguntarse por qué vivimos en pareja y nos exigimos fidelidad. Por qué renunciamos a ampliar nuestra vida sexual y nos limitamos a compartir nuestra cama con una persona. Sin duda, el amor romántico tiene mucho que decir aquí, el sentimiento de pertenencia, de complicidad, de exclusividad, el sentirse especial y único/a, la intensidad emocional de esos sentimientos seguramente compensa la renuncia a encuentros sexuales en los que, además, se puede correr el riesgo de enamorarse y no estamos para tantas emociones, con un una vida regularizada, un trabajo regularizado y una hipoteca que pagar.

El término aventura se utiliza comúnmente para describir una relación sexual entre personas que no están casadas entre sí, cuando al menos uno de los miembros de esta relación está casado con otra persona.

En el tipo de aventura 'para evitar conflictos', una mujer que está muy enojada con su marido porque considera que no la ama lo suficiente puede arrojarse en brazos de otro. Así evita ventilar su cólera volcando su energía en una aventura y obteniendo la atención que necesita en otra parte. Su aventura la despoja de esa sensación de no ser considerada y disminuye su enojo.

El romance, del cual las fantasías sexuales pueden o no formar parte, también se alimenta de las nociones de espontaneidad y novedad. Así, es posible que en parte sean nuestras expectativas sobre el matrimonio las que provoquen su vulnerabilidad con el tiempo, cuando la novedad y la espontaneidad ya no pueden ser más la regla.
El matrimonio puede irse destruyendo en cualquiera de estas áreas -los indicadores sexuales, románticos, de intimidad o amistad- y entonces es vulnerable a las aventuras. Todo matrimonio sufrirá subidas y bajadas en el nivel de satisfacción con el apoyo dado, con la capacidad de discutir cosas con franqueza y con la cantidad de tiempo empleado en las actividades compartidas.

Además, los aspectos públicos, prácticos, emocionales y sexuales de cualquier matrimonio se ven afectados de un modo diferente por los hechos exteriores y, con el tiempo, todo matrimonio sentirá una deficiencia mayor o menor en una o varias de estas dimensiones. Por lo tanto, se puede afirmar que todo matrimonio es vulnerable, al menos en algún momento, a una aventura. Si se elige un matrimonio, se le da a uno de los miembros de la pareja la oportunidad de conocer a una persona compatible con la cual tener una aventura, se toma ese matrimonio en un punto en el que al menos una dimensión importante está relegada y cuando se encuentra en un momento particularmente vulnerable del ciclo de la vida matrimonial, veremos entonces, y muy probablemente, cómo ese cónyuge es proclive a tener una aventura.

Fuente: Inteligenciaemocial.org

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