Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, comparte importantes reflexiones sobre los trastornos de la conducta alimentaria.

16.08.2017

Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, comparte importantes reflexiones sobre los trastornos de la conducta alimentaria.

Son trastornos psiquiátricos que altera su conducta de alimentación por: el miedo a engordar, el rechazo a los demás, la alternación de la percepción del peso real, la dependencia de la opinión de los otros, todo ello combinado con factores biológicos y de personalidad.

Según el manual de diagnóstico la Asociación Americana de Psiquiatría, actualmente existen 3 trastornos de conducta:

- Anorexia Nerviosa: pérdida de peso por restricción de ingesta alimentaria, obsesión por la extrema delgadez y tendencia hiperactiva.
- Bulimia Nerviosa: tiene la necesidad de estar delgada pero tiene episodios de atracón de comidas (con sentimiento de pérdida de control) y siempre seguidas con purgas como ayunos, laxantes o dietas muy extrictas para compensar.
- Trastorno por atracones: es el menos conocido y el más prevalente. El paciente tiene episodios compulsivos con la comida, pero no hay estrategia de compensación por ello casi todos los pacientes padecen sobrepeso u obesidad.

En torno al 5% de la población femenina española padece algún tipo de trastorno de conducta alimentaria y que, a pesar de que en los últimos años se han estabilizado los números de casos, ha cambiado bastante el perfil del afectado.

Ahora se encuentran más casos en mujeres de edad madura ( aprox. 40 años) y en niñas más jóvenes, bajando el inicio del trastorno en más de un punto ya que antes era sobre los 15 años y ahora se ve en niñas de 13 y medio.

También se ha observado que los diagnósticos en varones se hacen antes, eso es por la aceptación de que es una enfermedad que afecta a los dos sexos.

Para saber si a tu hijo/a está pasando por algún tipo de desorden alimenticio es preciso observar las siguientes señales de alarma:

- Cuando comienzan a perder peso sin control y por mucho que bajan de peso, no terminan de verse bien.
- El comportamiento en cuanto a la comida cambia de repente y tiene “muchas manías“.
- Observas que antes disfrutaban comiendo y de repente no, empiezan a dejarse comida en el plato.
- Cambia hábitos como: no querer rebozados, hidratos de carbono o pan.
- Repentinamente le gustan comidas saludables que antes no como por ejemplo la verdura.
- Quiere las cosas cocinadas a la plancha.
- Dice frases como: “Es que he merendado mucho y no tengo hambre”.
- Muestra malestar con su cuerpo con referencias como: “Vaya piernas”, “qué barriga”, etc.
- Si vemos que adelgaza considerablemente y no es por prescripción médica.

Además recomienda evitar las dietas, porque si la familia sigue una, las adolescentes del núcleo familiar también querrán hacerla y no es un buen ejemplo. Hay que intentar mantener los hábitos saludables de nuestra dieta mediterránea.

La mayoría de personas que sufre esta enfermedad no tienen conciencia de que la padecen porque suelen ser jóvenes con conflictos emocionales y problemas de comunicación.
Habitualmente son personas exigentes y perfeccionistas que, hasta ese momento, habían sido las mejores hijas/os o estudiantes; cuando llegan a una determinada edad y sienten que no son los mejores en algo, quieren controlar la situación buscando una vía, que en este caso es la comida y el peso, de una manera muy estricta. Cuando empiezan a adelgazar, pierden la objetividad y por muy delgados que estén, no lo ven.

La única manera de ayudar a los pacientes es haciendo un trabajo conjunto los psiquiatras con los nutricionista. Estos trastornos no sólo tienen que ver con la comida, sino con aprender a valorarse, a quererse, a expresar lo que sientes y a relacionarse de igual a igual con los demás.

Es vital el diagnóstico precoz, la ayuda de los profesionales de la salud mental para que acompañen a estos pacientes durante todo el proceso de la enfermedad, junto con nutricionistas que controlen la alimentación. Los profesores tienen un papel importante ya que los jóvenes pasan mucho tiempo en las aulas y deben estar capacitados para detectar y ayudarlos. Las familias deben actuar en materia de prevención creando un ambiente familiar basado en valores como por ejemplo la confianza en uno mismo, y no dando demasiada importancia al físico o al peso. Hay que educar en hábitos saludables de salud y promover la comunicación intrafamiliar, un buen hábito es comer juntos en familia. La sociedad debe fomentar la tolerancia a la diversidad; no todos tenemos que tener la misma corporalidad.


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