Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica cómo el duelo puede potenciar la autoestima.

28.04.2020

Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica cómo el duelo puede potenciar la autoestima.

La autoestima es la evaluación que hacemos de nosotros mismos. Un alto nivel de autoestima significa quererse, aceptarse a pesar de los fracasos, defectos y límites personales. Significa ser capaz de reconocer las propias fortalezas y virtudes sin compararse con nadie. Un buen nivel de autoestima es vital para sentirse a gusto con uno mismo y con los demás, para resolver conflictos, para actuar con eficacia y sin miedo, para plantar cara a las dificultades de la existencia.

La exposición de manera directa o indirecta a una muerte genera en el individuo una sensación de impotencia, indefensión, confusión, culpabilización y pánico tal que afecta negativamente al auto-concepto de la persona ya que muchos de sus esquemas mentales respecto a sí mismo (y a la realidad circundante) se derrumban en ese momento.

Estos sentimientos negativos frecuentemente conducen al aislamiento, a la depresión, a no hablar ni resolver los problemas ni tomar decisiones por falta de confianza, a la incomprensión y soledad más absoluta.

En este sentido, la persona que dispone de un auténtico equilibrio psicológico, de unos recursos personales de enfrentamiento al estrés y de una flexibilidad mental volverá a recuperar el equilibrio emocional perdido; eso sí, asumiendo un cambio enorme en toda se persona. Aunque nada volverá a ser como antes, el duelo correctamente elaborado aporta crecimiento personal. En ocasiones, incluso se consigue un nivel de autoestima y de confianza en sí mismos mayor que nunca (mayor asertividad, mayor autoconocimiento lo que se traduce en un mayor nivel de tranquilidad y serenidad, más empatía , menos miedo a tomar decisiones y aceptar críticas...)

Psicólogos Bilbao fomenta la flexibilidad psicológica mediante una reestructuración e integración de las nuevas coordenadas vitales en las que la persona en un proceso de duelo debe situarse. Hay que entender poco a poco que la vida ha cambiado irremisiblemente. Hay que olvidar sentir, pensar e interpretar al mundo y a sí mismos como se hacía antes. Este proceso lógicamente necesita mucho tiempo, dolor y energía y el terapeuta está para acompañar, animar y dar esperanza. El terapeuta debe compartir con el paciente todas las resistencias y defensas que irán apareciendo: ira, rabia, tristeza...




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