Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica las principales características de la madurez emocional.

05.03.2020

Psicólogos Bilbao; especialistas en terapia de pareja y de adulto, explica las principales características de la madurez emocional.

En psicología se define la madurez emocional como la capacidad de aceptar a las personas y las cosas tal y como son. La madurez es algo que vamos consiguiendo a través de vivir. Las experiencias que vamos adquiriendo desde nuestra más tierna infancia y la forma en que nuestros padres nos educaron, es lo que ha ido dando forma a nuestro carácter y al desarrollo más o menos adecuado de nuestra inteligencia emocional.

La madurez es el cúmulo de experiencias que acumulamos cuando se nos permite expresarnos, luchar por nuestros ideales, aceptar las frustraciones, los fracasos, conocer nuestras emociones y reacciones... Sin embargo, cuando somos educados en la sobreprotección y el mimo, por exceso, y la pasividad, la rigidez de normas, la inflexibilidad de ideas o la carencia afectiva, por defecto, se aprende a vivir con un bajo nivel de independencia ("me solucionan todos los problemas, deciden por mi, me dicen qué pensar, me juzgan o limitan el afecto si pienso diferente, me refuerzan agradar constantemente y ser débil...") o un gran estrés (agresiones a su autoestima, a su validez personal y a sus derechos). Estas situaciones hacen que cuando la persona se desarrolle, no haya elaborado e integrado una buena madurez emocional, es decir, una inteligencia emocional adaptativa y sana.

Cuando esta situación no es subsanada, esa falta de madurez también se manifestará de muchos modos al establecer una relación afectiva o de pareja, generando mucho sufrimiento. Ejemplo de este tipo de manifestaciones pueden ser los celos (inseguridad respecto a uno mismo y su pareja), a veces extremadamente obsesivos que lleva a la persona a querer controlar todo en el otro, convirtiéndose en su posesión y generando actitudes asfixiantes y poco soportables. En su afán de control puede llegar a tal punto que esa persona, que tanto dice quererte, comienza a decirte cómo debes vivir, cuestionando cada cosa que haces. Este tipo de exigencias ahogan el amor y acaba produciéndose el temido final, el otro deja la relación.

Si tengo un bajo autoconcepto, llevaré eso a la relación. La baja autoestima y el pobre autoconcepto se revelan a través de la desconfianza, niveles de exigencia ridículos, imposiciones de pensamiento o conductas, en el otro (cuando el otro es exactamente otro, es decir, una persona diferente). Esta dominación rompe la relación y genera distancia y frialdad emocional.

A veces, estas personas se comportan de forma egoísta, siempre quieren tener la razón o dominar a otros y, así, se manifiestan todas sus carencias. Cuando se ama a alguien, se ama por lo que es, no por lo que te gustaría que fuese o crees que debería ser (expectativas erróneas). Hay que dejar espacio, dejar libre, dejar ser. Promover lo que la pareja es y procurar su realización personal, es la forma de tratar a la persona que se ama. Morir por asfixia emocional es una muerte lenta pero segura. Cuando te das cuenta, ya se ha perdido la relación.

Cuando uno es inmaduro emocionalmente, tiene dificultades para afrontar el sufrimiento ante el dolor, la frustración ante la pérdida o la incertidumbre ante el futuro. El inmaduro tiene un bajo autocontrol de sus estados emocionales experimentados (ira, impotencia, rabia, temor, inseguridad...) aunque puede tener un gran control y éxito en su vida profesional.

La inmadurez emocional lleva a la dependencia, pensando que esa pareja te aportará aquello que tú crees que no puedes darte por ti mismo. Se piensa en el verdadero amor como el que da amor, sin importar lo que uno o los dos puedan sentir. Se deja de vivir la interdependencia, un proyecto de vida que cubra las necesidades de cada miembro de la pareja sin anularlas. Así, si las cosas no son como me gustaría que fueran, me da rabia. Hay que tolerar la frustración de que no siempre podemos obtener lo que esperamos. Implica saber perder y aceptar con resignación cuando no hay nada que hacer.

Cuando las expectativas sobre la relación de pareja están mal planteadas, puede dar al traste con una relación que bien podría ser estable. Tiene que ver con la frustración que se vive en pareja y con la culpa que se termina asociando al otro como fuente de dolor y sufrimiento.




MÁS EVENTOS »