Psicólogos Bilbao; psicólogos especialistas en adulto y pareja, comparte principales reflexiones sobre la pérdida.

12.11.2018

Psicólogos Bilbao; psicólogos especialistas en adulto y pareja, comparte principales reflexiones sobre la pérdida. Tenemos que aceptar las pérdidas como algo inevitable en nuestra trayectoria vital.

A la larga perdemos todo lo que poseemos, pero lo que importa en definitiva nunca se pierde. Nuestras casas, coches, empleo y dinero, nuestra juventud e incluso nuestros seres queridos sólo los tenemos en préstamo. Como todo lo demás no podemos conservar siempre a nuestros seres queridos. Pero la aceptación de esta verdad no tiene por qué entristecernos. Por el contrario, puede proporcionarnos la capacidad de valorar mejor la infinidad de experiencias y cosas maravillosas que tenemos durante el tiempo que permanecemos aquí.

En muchos aspectos, si la vida es una escuela, la pérdida es una parte importante del currículum. Cuando experimentamos una pérdida también experimentamos que los que amamos- y algunas veces incluso los extraños- cuidan de nosotros en tiempos de necesidad. La pérdida es un agujero en el corazón. Pero es un agujero que inspira amor y puede contener el amor de los demás.

Hacemos nuestra entrada en el mundo sufriendo la pérdida del vientre de nuestra madre, el mundo perfecto en el que fuimos creados. Nos vemos expulsados a un mundo en el que no siempre nos alimentan cuando tenemos hambre, donde no sabemos si mamá volverá a acercarse a la cuna. Nos gusta que nos cojan en brazos, y de pronto nos vuelven a poner de nuevo en la cuna. Cuando crecemos, perdemos a nuestros amigos cuando ellos o nosotros nos mudamos, perdemos nuestros juguetes cuando se rompen o se extravían, etc…
Vivimos nuestros primeros amores para después perderlos. Y la serie de pérdidas no ha hecho más que empezar. En los años que siguen perdemos a maestros, amigos y nuestros sueños de la infancia.

Todas las cosas intangibles como los sueños de juventud y la independencia se acaban; todas nuestras pertenencias son solo un préstamo. ¿Fueron realmente nuestras? Nuestra realidad aquí no es permanente, ni tampoco lo que poseemos. Todo es temporal. Es imposible tratar de encontrar permanencia, y finalmente aprendemos que no es bueno intentar “conservarlo” todo. Y que tampoco lo es tratar de evitar la pérdida.

No nos gusta y nos cuesta ver la vida de este modo. Nos gusta fingir que siempre conservaremos la vida y todo lo que ésta contiene. Y no queremos contemplar lo que percibimos como la suprema pérdida: la muerte. Es sorprendente ver los engaños que mantienen hasta el final los familiares de muchos enfermos con cuidados al final de la vida. No quieren hablar de la pérdida que se avecina, y ciertamente no quieren mencionarlo. Tampoco el personal hospitalario quiere decir nada a sus pacientes. Es ingenuo pensar por nuestra parte, que las personas que se acercan a este momento de final de la vida, no son conscientes de la situación. Más de un paciente enfermo ha dicho gravemente a su familia: “no intentéis ocultarme que me estoy muriendo”. Normalmente las personas que se están muriendo saben lo que están perdiendo y comprenden su valor. Son los vivos los que con frecuencia se engañan a sí mismos.


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